Películas B

Las producciones más geniales del séptimo arte

Retomamos el cine latinoamericano y lo hacemos con Orlak, el infierno de Frankenstein, una película mexicana de 1960 dirigida por el prolífico Rafael Baledón y con la participación de Joaquín Cordero, Andrés Soler, Armando Calvo e Irma Dorantes en los papeles principales.


Como pueden inferir del título, Orlak, el infierno de Frankenstein nos presenta una nueva versión de este clásico del terror. En esta ocasión el doctor Frankenstein (Andrés Soler) ha sido encarcelado luego de ser capturado profanando tumbas con la ayuda de su fiel ayudante Eric (Carlos Ancira) y en prisión conoce a Jaime Rojas (Joaquín Cordero), un hombre que está por salir en libertad tras cumplir condena por asalto y que en poco tiempo ha desarrollado una gran  admiración hacia el científico. Como consecuencia de eso le ofrece ayudarlo a fugarse una vez se encuentre del otro lado del muro.


Rojas cumple con su palabra y con la ayuda de Gastón (David Reynoso), uno de sus compañeros de fechorías, lo saca de la cárcel ante la pasividad e ineptitud de las autoridades, que en ningún momento las vemos poniendo algún esfuerzo en dar con el paradero del doctor Frankenstein a pesar de las muertes que ocurrirán más adelante.


Nuestro protagonista se esmera en vender una imagen de hombre injustamente condenado y a cambio de su libertad le pide a Frankenstein que le ayude a demostrar su inocencia. Como todo científico portador de ese apellido, al poco tiempo Frankenstein logra crear vida a partir de cadáveres. Para ello emplea un armazón metálico que contiene a todos los órganos y sirve de reemplazo del esqueleto humano; además ha dotado a la criatura de un complejo mecanismo de reloj que obliga a las partes a funcionar. Todo esto aderezado por una gran cantidad de electricidad. Ante la falta de un cerebro humano Frankenstein recurre a uno artificial creado por él mismo que le permite comunicarse a distancia mediante un micrófono con Orlak, el nombre que le puso a su creación.

Eso que parece una bola de cristal es el cerebro de Orlak.

Como siempre el momento en el que la criatura cobra vida es bastante dramático y esta vez además nos sorprende ver su cabeza oculta dentro de una caja.

Tras Kyôfu continuamos con el cine japonés y en esta oportunidad la película de la que hablaremos es Yûrei yashiki no kyôfu: Chi wo sû ningyô, o como es conocida más comúnmente en el mundo occidental: The Vampire Doll. Esta producción fue dirigida por Michio Yamamoto con guión de Hiroshi Nagano y Ei Ogawa, este último lo acompañaría en otros largometrajes que realizó a lo largo de su carrera, como por ejemplo El lago de Drácula.


La acción comienza por una estrecha carretera de tierra durante una noche lluviosa en la que vemos a Kazuhiko Sagawa (Atsuo Nakamura), quien tras seis meses de ausencia se dirige al encuentro de su amada Yuko (Yukiko Kobayashi). En la vieja mansión es recibido de forma hostil por el cuidador Genzô (Kaku Takashina), pero la señora Nonomura (Yôko Minakaze), la madre de su prometida, interviene y le hace pasar a la casa. Allí le informa que ha llegado tarde, puesto que dos semanas atrás Yuko falleció como consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de tránsito bajo una tormenta como la de esa noche.


Sagawa se queda a pasar la noche y la señora Nonomura le dice que al día siguiente irán a visitar la tumba de Yuko. Pero la noche es larga y los planes se trastocan cuando Sagawa ve a Yuko y la sigue a través del jardín, en una terrorífica casualidad llegan hasta el lugar en donde fue enterrada. Ella le implora que la mate pero Sagawa no comprende nada y le jura que hará todo lo posible por curarla. La estrecha fuertemente entre sus brazos y... ese es el fin para Kazuhiko Sagawa.


Sin embargo esto es un simple abreboca, todavía queda casi una hora entera de película y es cuando entra en escena Keiko Sagawa (Kayo Matsuo), hermana de Kazuhiko y quien se preocupa tras 8 días sin saber de su hermano desde que emprendiera aquel viaje. Ella decide visitar a los Nonomura y la acompaña su novio Hiroshi (Akira Nakao) para ayudarla a investigar.


El día de hoy traemos una película de Hiroshi Takahashi, quien fuera el guionista de la afamada saga Ringu y director de la ya reseñada Sodomu no Ichi, película que aprovecho para volver a recomendarla si están con ganas de ver una de esas que son tan malas que terminan resultando divertidas. En Kyôfu, o The Sylvian Experiments como es conocida en inglés, Takahashi desempeña los dos roles y el resultado en mi opinión no es del todo satisfactorio.


La historia inicia con una pareja viendo un video sobre experimentos en humanos llevados a cabo por los japoneses a lo largo de la Segunda Guerra Mundial; durante la sesión entran a la sala sus dos pequeñas hijas y el destello de una luz blanca pareciera marcarlos a todos para el resto de sus vidas.


De vuelta al presente encontramos a un grupo de cuatro jóvenes que contactaron a un quinto por internet para suicidarse en grupo. Van a un lugar apartado, sellan las puertas del vehículo, cada uno se toma una pastilla para acabar con su vida y... todo resulta una gran mentira de Hattori, ese quinto suicida en realidad trabaja para la doctora Etsuko (Nagisa Katahira), la misma que vio el video del comienzo y necesita especímenes para sus experimentos.


Así es estimados lectores, dentro de la categoría de científicos locos me atrevo a decir que es la primera mujer que tenemos en este blog. La doctora Etsuko ha estado obsesionada por años con la estimulación eléctrica del cerebro humano y la supuesta capacidad que dichos estímulos confieren para ver otras dimensiones. La sorpresa más grande en esta primera parte de la película es que entre los cuatro conejillos de Indias se encuentra Miyuki (Yuri Nakamura), una de sus hijas, a quienes abandonó hace muchos años. Eso no impide que Etsuko le abra el cráneo y experimente con ella del mismo modo que con los demás.

Entre ver cine serio por culpa del Oscar y las obligaciones del día a día marzo está por llegar a su final sin que hayamos publicado ninguna reseña durante un mes. Por ello la ocasión es más que propicia para hablarles de Caramelle da uno sconosciuto, un poco conocido giallo que en 1987 representó el único trabajo como director de Franco Ferrini.


La historia es una que ya ha sido contada en otras oportunidades: las prostitutas de una ciudad están siendo asesinadas y la policía no pone demasiado interés en encontrar al autor de los crímenes por estar estos dirigidos exclusivamente a las mujeres de la mala vida, habitualmente menospreciadas por los diversos sectores que integran la sociedad.


Ante esta pasividad de las autoridades las prostitutas deciden dejar atrás posibles roces y diferencias que hayan tenido en el pasado y forman una suerte de sindicato, con reuniones periódicas en las que repasan las últimas novedades en cuanto al asesino y discuten distintos sistemas para aumentar la seguridad de estas trabajadoras sexuales.


El principal problema con la película es que después que ocurren las muertes iniciales y se da paso a esa organización de meretrices la trama decae, el asesino pasa a segundo plano y lo que vemos son las actividades diarias de las actrices principales, su interacción con sus clientes, sus problemas familiares y sus inseguridades. Se me ocurre que con esto Ferrini buscaba mostrar el lado más humano de las practicantes del llamado oficio más antiguo del mundo y hacer ver que son mujeres como cualquier otras, merecedoras del mismo respeto y los mismos derechos, pero en mi opinión no era la película para tal fin.

Prostitutas al servicio de la justicia.

20.2.15

The Bad Seed (1985)

Posted by Marcel |

La tercera reseña del mes le corresponde a una película más seria de lo que solemos comentar en este blog, pero sí se trata de una película poco conocida y en su momento maltratada por la crítica. Si el título les resulta familiar es porque es una versión para televisión del clásico homónimo de 1956 dirigido por Mervyn LeRoy.


Para quienes no conozcan la versión original, The Bad Seed gira en torno a una niña en apariencia normal y de comportamiento modélico, con buenas notas y aplicada en sus clases de piano, pero cuando en el colegio le dan a otro de sus compañeros de clases una medalla por rendimiento académico, algo dentro de ella se activa y le da rienda suelta a una maldad que la hará capaz de todo con tal de adueñarse de un premio que considera suyo. Hasta de matar.


Lo que en la mente de Rachel (Carrie Wells) se antoja como un crimen perfecto se desmorona cuando aparecen testigos que afirman que ella fue la última persona en ver con vida a Mark (Chad Allen) y su madre descubre entre sus pertenencias la medalla en cuestión junto a un dinero que la directora del colegio había insinuado que había sido robado por ella. Al ser confrontada por su mamá la imagen de niña modelo termina de derrumbarse y confiesa además que ese no fue el primer asesinato que cometió.


En medio de este particular drama familiar el argumento se apoya en la idea de que la criminalidad y la sociopatía puedan ser características heredadas y esto surge a raíz de que Christine, la progenitora, descubre que su madre biológica es una célebre asesina en serie llamada Bessie Denker. ¿Qué hacer ante un caso como este en el que sabes que tu pequeña hija es una fría asesina pero al mismo tiempo tu amor por ella hace impensable entregarla a las autoridades? Quizás la única salida sea recurrir a medidas desesperadas...

11.2.15

The Vagrant (1992)

Posted by Marcel |

A diferencia de la reseña anterior la de hoy es una película distribuida en un DVD con excelente calidad de audio y video y con la participación de dos actores : Bill Paxton como el atormentado protagonista y Michael Ironside interpretando al teniente Ralf Barfuss, el policía que lo acosa desde el principio hasta el final. The Vagrant es una de las dos películas que dirigió Chris Walas, la otra fue La mosca 2; su carrera destacó en el mundo de los efectos especiales y el maquillaje, participando en producciones más conocidas como La mosca, ¿Y dónde está el piloto?, Aracnofobia, Naked Lunch y Humanoids from the Deep.


La vida pareciera sonreírle a Graham Krakowski (Bill Paxton), un joven analista financiero quien tras ciertas reservas iniciales decide comprar una gran casa en la que sueña con vivir junto a su novia y que sirva como el primer paso que le lleve a recorrer el camino de todas las aspiraciones que tiene para su vida.


Es evidente que la casa llevaba tiempo abandonada y que necesita ciertos arreglos, que serán pagados con una hipoteca, pero el principal problema es llegar el primer día al nuevo hogar y encontrar en él a un vagabundo (Marshall Bell) de aspecto desagradable saliendo de ella por la puerta trasera. ¿Bastará con cambiar la cerradura para que el episodio no vuelva a repetirse?


Por lo visto este repugnante individuo también considera la nueva propiedad de Graham Krakowski como parte de sus dominios y se mantiene merodeándola, lo que contribuye a que el protagonista tenga pesadillas en las que el vagabundo se encuentra asediándolo dentro de la casa. Pero... ¿son realmente pesadillas o algo más?


Es cuestión de tiempo para que Graham se vea agobiado por una fuerte sensación de paranoia y no consiga separar la realidad de la fantasía. Gracias a una segunda hipoteca convierte su cara en un fortín, pero ni así consigue paz o poner fin a esa sensación de irrealidad que lo aflige. Sigue despertando cada mañana sin tener plena certeza de lo ocurrido durante la noche, lo abandona su pareja y deja de cumplir con sus obligaciones laborales.

El segundo mes del año lo abrimos con Tales of the Third Dimension, una antología compuesta por tres historias de terror, cada una de ellas fruto del trabajo de un director distinto. Según Mark Betz en su libro "Beyond the Subtitle: Remapping European Art Cinema" esta fue la primera antología estadounidense en ser distribuida directo en video. A día de hoy nunca ha sido distribuida en DVD e incluso en formato VHS es difícil de ubicar, fue producida por E.O. Corporation propiedad de Earl Owensby pero ni siquiera en su web se encuentra disponible para la venta. No obstante, gracias a la magia de internet pueden verla online en YouTube.


El formato de la película inicia de una forma similar al que veríamos unos años más tarde en la serie de televisión Cuentos de la cripta, con la salvedad de que aquí el guardián tiene nombre, Igor, y se encuentra acompañado por unos buitres muy parlanchines. Las dos primeras historias me dejaron bastante indiferente, pero la tercera me gustó tanto que, sumado al hecho de tratarse de una rareza, me motivó a darle cabida aquí en el blog.


La primera historia fue dirigida por Thom McIntyre y se titula "Sangre joven". Es la historia de una misteriosa pareja de nobles provenientes de Europa del Este decidida a adoptar un niño, pero para ello los condes exigen que el proceso se lleve a cabo de noche y sin salir de su tenebrosa mansión. La Sra. Marquette (Fran Taylor), trabajadora social del orfanato, cede rápidamente ante los encantos del Conde (Bob Bloodworth) y accede a sus exigencias; sin embargo, su compañero, el Sr. Dudley (Kevin Campbell), se muestra más reticente respecto a la idoneidad de esta pareja.


Dudley finalmente sucumbe ante la insistencia de los posibles padres adoptivos y su compañera y les entrega un niño, no sin antes advertirles que se trata de un muchacho problemático. Los nuevos padres no le hacen mayor caso al aviso, pero al caer la noche descubrirán el verdadero peligro que entraña el nuevo miembro de la familia. Historia predecible si están familiarizados con el cine y literatura de vampiros y saben cuáles son sus rivales por excelencia.


La segunda lleva el nombre de "Los guardianes" y la dirigió Worth Keeter. En esta historia dos tipos de mal vivir, Charley (Terry Laughlin) y Freddie (Leon Rippy), le sacan conversación al sepultutero del pueblo para saber en dónde fue enterrada una mujer acaudalada, para así luego ir ellos a profanar la tumba y robar sus joyas.

7.1.15

Tormented (1960)

Posted by Marcel |

Seguimos con las reseñas y en esta oportunidad lo hacemos con la obra de un director cuyo nombre siempre ha estado ligado al cine de bajo presupuesto, como lo es Bert I. Gordon. La película de la que hablaremos hoy es Tormented, conocida en español bajo el título de "Sangre en el faro". Los encargados de distribuirla en el mundo hispano por lo visto quisieron hacer énfasis en el aspecto terrorífico de esta producción, aunque diría que se ajusta mejor describirla como un thriller sobrenatural que terror sangriento como podría uno inferir de ese título.


Tom Stewart (Richard Carlson) es un pianista de jazz que se encuentra viviendo en una isla donde conoció al amor de su vida, Meg (Lugene Sanders), con quien va a casarse en apenas una semana y por esa razón se cita en la isla con Vi (Juli Reding), una cantante con la que previamente mantenía una relación, para comunicarle que todo entre ellos ha terminado y que en unos días se celebrará su boda.


Es posible que Tom tuviera otras cosas en la cabeza y por eso no fue sino hasta el último momento que recordó decirle a Vi sobre el nuevo estado de su relación, pero ella definitivamente no se muestra comprensiva al respecto y lo amenaza con mostrarle a Meg todas las cartas de amor que recibió de Tom mientras se relacionaba con ambas mujeres. Esta conversación ocurre oportunamente en un faro abandonado y es inevitable pensar que Tom aprovechará las circunstancias para solucionar el problema de la forma más conveniente para él; no obstante, esto no es necesario ya que Vi hace el trabajo por él al apoyarse en una baranda que cede a su peso y la deja columpiándose en el vacío. Tom lo único que hace es ignorar su pedido de ayuda y la ve caer contra las rocas.


Desde la mañana siguiente Tom es atormentado por toda clase de visiones en las que siempre participa Vi, ya sea caminando junto a él cuando se encuentra acompañado por Meg, viendo flotar su cuerpo en el mar o incluso haciendo sonar un disco suyo llamado apropiadamente Tormented.


Es cuestión de días para que nuestro atormentado galán esté al borde del colapso mental y todos noten lo extraño que se está comportando. Llega al punto de quiebre cuando ve en su casa la cabeza de Vi y esta exclama a viva voz que fue él quien la mató.

Comenzamos el año con una parodia del cine B clásico producida por el mismísimo Roger Corman y dirigida por Kevin O'Neill (director de otras obras maestras como Dinocroc y Dinoshark). Se trata de la comedia titulada Attack of the 50 Foot Cheerleader, en clara alusión al clásico de 1958 Attack of the 50 Foot Woman de Nathan Juran.


La protagonista de esta historia es Cassie (Jena Sims), una joven desdichada a la que el acné y la torpeza han minado su confianza e impedido que consiga unirse al grupo de cheerleaders de su universidad y así seguir los pasos de su madre. Cassie es una científica prometedora que forma parte de un equipo que está a punto de realizar un descubrimiento que revolucionará el mundo, pero digamos que eso no la llena y que sus prioridades son otras.


El avance en cuestión se muestra exitoso durante la primera fase de pruebas en animales y consiste en una sustancia que al ser inyectada en el sujeto corrige todas las imperfecciones que este posea. Nunca revelan qué criterios sigue para determinar los elementos a corregir en el organismo que recibe la dosis, pero el hecho es que pareciera ajustarse mágicamente a los estándares de belleza.


Frustrada con la vida y temerosa de que su madre nunca se sienta orgullosa de ella por no ser más que una nerd, Cassie decide inyectarse una dosis de esta droga sin saber qué efectos secundarios podría tener en los animales donde fue probada o si causa algún daño grave en humanos. A la mañana siguiente despierta sin acné, sin necesidad de seguir usando anteojos y con un buen par de... tetas.


A partir de ahí la vida le sonríe. Despierta el interés de los hombres de la universidad y consigue un puesto en el equipo de cheerleaders reemplazando a la lesionada Tiffany (Anne McDaniels), quien asegura ante la incredulidad de todos que fue atacada en el baño por una araña gigante. Me pregunto de dónde habrá podido salir.

Despedimos el año con el que fuera el primer trabajo como director de Ted Bohus, si bien es cierto que su nombre estuvo ligado al mundo del cine desde mucho antes al ser el productor y guionista de un clásico del cine B como The Deadly Spawn, así como haber sido el productor de dos películas de Don Dohler: Fiend y Nightbeast.


La trama de Regenerated Man no es nada que no hayamos visto con anterioridad. Una sustancia sintetizada en el laboratorio y que podría significar un gran avance para la ciencia es ingerida por el científico quien acto seguido se transforma en un terrible monstruo sin él estar consciente de ello.


Aunque en esta oportunidad la ingesta no es producto de la curiosidad y la ambición del científico sino que es vapuleado por dos ladrones que irrumpieron en el lugar creyendo que allí almacenaban metales preciosos. Todavía frustrados tras la golpiza, le obligan a beber la fórmula en la que se encontraba trabajando y el resultado inmediato es el de la imagen previa a este párrafo.

Al cabo de un rato toma la forma de un Mr Hyde salido de los estudios Troma o de la mente de los hermanos Polonia:


Y a partir de allí el álter ego de este científico inicia una cruzada justiciera en la que cada noche acaba con la vida de toda clase de pillos y malvivientes, dejando al Dr. Robert Clarke (Arthur Lundquist) con una sensación de resaca a la mañana siguiente.

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