Dejamos a un lado el cine de vampiros para hablar de esta peculiar producción de bajo presupuesto sobre satanismo que de algún modo logró reunir un reparto de actores de renombre: Ernest Borgnine, William Shatner, Ida Lupino y Tom Skerritt.
El director Robert Fuest no nos da tiempo de acomodarnos en nuestros asientos porque la acción en The Devil's Rain comienza desde el primer minuto en una noche lluviosa con la angustia de la señora Preston (Ida Lupino) por un mal presentimiento que ha tenido respecto al paradero de su esposo Steve. Su hijo Mark (William Shatner), con la ayuda del cuidador de la casa, intenta tranquilizarla haciéndole ver que todo lo que ella está diciendo no son más que supercherías y que seguramente su papá volverá al hogar una vez escampe.
Lo poco que haya podido calmarla se pierde de un plumazo en el instante que llama a la puerta el tan esperado Steve (George Sawaya) y lo encuentran sin ojos y con el rostro derritiéndose mientras habla sobre un libro que ellos deben devolver a un tal Corbis.
Mark sale de la calle a toda velocidad a ver si encuentra alguna pista en torno a esta escalofriante figura con el aspecto de su padre, pero debe devolverse al poco tiempo tras oír los fuertes alaridos de su madre y el cuidador. Sin embargo, ya es demasiado tarde cuando regresa a su casa y encuentra a John (Woody Chambliss) torturado y amarrado y de su mamá no hay rastro alguno.
Ante este nuevo giro de los acontecimientos decide ir a Red Stone y enfrentarse a Corbis en persona. El personaje de Corbis corre a cargo de Ernest Borgnine y no demora mucho más para que sepamos que es el líder de una secta de adoradores de Satanás y que el libro que busca le fue arrebatado 300 años atrás y en él están registrados los nombres de aquellos que le habían vendido el alma al diablo. A Mark se le ocurre la brillante idea de apostar contra Corbis que él será capaz de entrar a su templo de satanistas y salir intacto. Si lo consigue Corbis le devolverá a sus padres, pero de lo contrario tendrá que entregarle el libro y su alma.
Como era de esperarse, Corbis resulta ser más astuto y poderoso de lo que Mark podía esperar y este pierde la apuesta. No obstante, a pesar de ese exceso de ingenuidad mostrado, tuvo el sentido común de no llevar el libro consigo y Corbis debe conformarse con solo adueñarse de su alma.



















































